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A F.........

 

Amada entre los grandes infortunios

Que afluyen en derredor de mi senda terrenal

(Senda de temor, ¡ay!, donde no crece

Ni una rosa solitaria),

Mi alma al fin se consuela

Soñando contigo, y en ti sabe que hallará

Un Edén de suave descanso.

De este modo tu memoria es para mí

Como isla de hadas encantada

Rodeada de un mar tumultoso

Con algún océano que palpita lejano y libre

En tormentas, pero donde entretanto

Continuamente los cielos más serenos

Sobre la única isla soriente brillan.