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POE

    Las narraciones extraordinarias, poemas y ensayos de Edgar Allan Poe, el poeta y novelista norteamericano nacido en Boston el 19 de enero de 1809 y desaparecido en Baltimore el 7 de octubre de 1849, pueden situarle en principio en ese apartado de los raros, tan contraproducente para entender la creación literaria. El cinematógrafo y la televisión han explorado, no siempre con inteligencia y fortuna, aquello que en Poe hay de misterioso y hasta de terrorífico, olvidando, como siempre que se trata de adaptaciones de esta índole, lo que en el autor de "El hundimiento de la Casa Usher" existe de entendimiento desgarrado, de espíritu que se eleva al plano de la belleza desde tensiones vivas y espirituales extremas, de angustiada criatura que ve en los limites de lo vivo posibilidades que otros poetas encuentran en lo cotidiano, en lo humano o en lo simplemente dramático. La mejor de sus narraciones o el más popular de sus poemas, "El cuervo", responden a su idea de que la <<poesía es una pura esencia sentimental e imaginativa y de que esa esencia permanece pura y sin adulterar sólo cuando se conserva completamente incorrupta por las ideas morales o utilitarias que son naturales en los trabajos en prosa o en los procesos de la razón>> Leer a Poe es meterse en un mundo apasionante, extremado, donde lo que importa, sin embargo, no son los motivos, por lo demás fascinadores en virtud del tratamiento, sino el tono, el acento, la naturaleza genial y arrebatadora de sus climas alucinantes Probablemente por todo lo dicho, y porque hasta los críticos no saben muchas veces paladear manjares como los debidos a nuestro importante poeta, unos llegaron a decir que sus versos habían sido <<escritos para criadas>>.. Mientras que otros lo calificaron como a un simbolista fuertemente poético y psicológico, a la vez que primer genio poético y creador auténtico producido por los Estados Unidos, padre además de la crítica literaria americana.

 

    La intensidad literaria, manejada por Edgar Allan Poe como por pocos escritores de su cuerda, dejará por siempre en ridículo a los que le censuraron sus recursos efectistas y teatrales. Si en poesía, para el autor de "El principio poético", hay que tener siempre buen cuidado de no acreditarse por la extensión improcedente, en literatura, se equivocan los que valorizan demasiado la naturaleza de los pretextos utilizados por espíritus tan excepcionales como en este caso, considerando lo orgánico en vez del pulso, lo físico en lugar del acento fecundador. El poema o la narración no son el desarrollo diestro o frustrado del tema que los motiva, sino la manera de arder de esos temas en una voluntad creadora intermediaria entre lo humano y la belleza. Con impresionarnos como nos impresiona la temática de Poe, disminuiríamos su grandeza si solo lo estimásemos como constructor de narraciones, como cantor mas o menos hosco de motivos sentimentales o como ensayista un tanto alambicado, atraído por afanes originalistas. En su mundo, sin duda alguna exotérico, la intensidad, repetimos, el pulso y ese acento de campana gigantesca, suponen los valores primordiales de una obra breve, concentrada, y de un atractivo, eso si, personalisimo. Dentro de la cual, y en sus partes mejores, como es obvio, lo humano se eleva por caminos agudamente pavorosos o tensiones muy por encima de cierta calidad melodramática de su obra. Como si la vida, con su fundamento de terrores y sombras, necesitase de un poeta la penetrara, preocupado por alumbrar con sus descubrimientos inéditos caminos.

 

    La vida, precisamente, cuando los escritores se reducen demasiado a lo real, puede convertirse en algo así como la tumba de su riqueza. Narradores algo posteriores al estadounidense se preocuparon de él, de Blake, de Leautreamont, etc. por lo que estos <<poetas extraños>> , enemigos de lo aparente, como es lógico, y artífices de la gran disidencia, bucearon en lo intimo, en lo misterioso, en lo terrorífico y hasta en lo siniestro, deseosos de vivir con una intensidad, con una pureza en suma, no siempre valorizable a primera vista. Edgar Allan Poe, concretamente, se enfrenta con una realidad que hace saltar en trizas mientras poco a poco la domina, buscando en ella una savia ennoblecedora, con la que dignifica -muy a lo sombrío,  eso es evidente- narraciones en virtud de las cuales entreabren perspectivas insólitas. Pero no para aterrar a sus posibles lectores de manera barata, como lo han hecho luego, valiéndose de sus textos, cinematografistas y gentes de televisión superficiales, sino para escalofriarles en otro plano, pero como nos escalofría desde sus pinturas negras Goya, con el fin de que, heridos por sus intensas creaciones, nos sea mas fácil vislumbrar todo aquello para lo que los poetas escriben y cantan.

 

    Se puede decir que Poe fue en su momento como un Baudelaire americano, de la misma manera que puede apuntarse que Charles Baudelaire supuso, en la literatura francesa, lo que aquel probablemente en la de los Estados Unidos. Uno y otro se abismaron en la vida, entendiendo este abismamiento como un injertarse en lo noble, en lo innoble, en lo puro, en lo siniestro..., convencidos de que muchos de sus antecesores llamaron vida a una mascara que tantos superficiales confundieron y confunden con la verdad. Poe, como su traductor al francés, desnudaron expresivamente a la poesía y al relato, porque desnudos y sangrantes asumieron todos los valores vitales, brindándonoslos de una manera inquietante. Por ello, en el caso del autor de "Leonora", lo que tenemos a nuestra disposición en su obra no son un puñado de espectáculos mas o menos apasionantes, sino un cumulo de experiencias, un repertorio de gigantescos latidos, algo así como una serie de realidades tan vivas, tan intensas, tan extremas y alucinantes, que o las vivimos para incorporarlas a nuestra vida como experiencias o no podremos comprenderlas sin confundirlas, como les ocurre a los depreciadores de Edgar Allan Poe. Lo literario, que en tantas ocasiones es paisaje, realidad distante, se convierte en este casi en preocupación obsesiva, en experiencia que incendia al que la revive, de tanto adentrársele en el alma. Debiendo señalarse que en escritores de esta categoría comienza lo que, considerado luego como <<literatura moderna>>, ha incidido sobre sus devotos como el ácido sobre los metales. Porque una cosa es actuar sobre el lector cual influjo en la mayoría de los casos saludables y otra, como en este caso, a manera de lava incandescente, a la que no podemos considerar negativa por su categoría incuestionable.

 

    Precisamente el acento y la intensidad que de la obra de Poe se desprende dignifica en ella hasta lo que pudiera señalarse como episódico y melodramático. Porque una cosa es <<hacer literatura>> para <<deshacer>>, sin mas consecuencias, el espíritu de los lectores y otra valerse de situaciones limite, de episodios sencillamente escalofriantes, para disponer -y no por el terror, como superficialmente pueda pensarse- a quienes, en virtud de la experiencia del poeta, suelen sentirse mas dispuestos para entender las anticipaciones del misterio y la dimensión de lo enigmático.

Prólogo.

Narraciones, ensayos, poemas. Edgar Allan Poe, COLECCION Obras inmortales.

Ediciones-distribuciones, S.A. Madrid 1969

Traducciones de RICARDO SUMMERS, ANIBAL FROUFE, FRANCISCO ALVAREZ